La fuente del odio

CataluñaSigo estupefacto la espiral de odio y despropósitos que se suceden en España y Cataluña. William Shakespeare decía que “si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin ningún fundamento”. El odio es una emoción que comparte actividad cerebral con el amor más pasional, y suele estar dirigido a una persona, grupo u objeto.  

Para mi el odio se alimenta de frustraciones e inseguridades personales. También del miedo, traumas pasados y heridas mal cicatrizadas. La historia reciente de España tiene mucho de ésto último, que por intereses políticos no se ha querido resolver adecuadamente.

Así se enfrentan ahora en España 2 proyectos que parecen antagónicos, sin embargo se parecen (aunque se empeñen en llamar a uno nacionalismo bueno y al otro malo) y ambos defienden argumentos razonables.  

Uno, la indivisibilidad del Estado, en base a una Constitución cuya inmutabilidad es cuestionable. Con estas bases el Gobierno ha reprimido torpemente y con inaceptable violencia el intento de referéndum ilegal del 1O, y ahora con el aparato judicial a su favor, tiene presos políticos, vulnerando derechos básicos de una democracia Europea.  

El otro ansía tomar las riendas absolutas de su historia y futuro, y en una huída hacia adelante no ha visto otra opción que romper con las reglas, para hacerse escuchar, después de un Estatuto injustamente recortado, y la negativa de los grandes partidos a pactar un referéndum.

El independentismo, guste o no, es un proyecto que ha plantado cara a los vestigios de la España rancia y corrupta del posfranquismo, a la que entre todos deberíamos dar manotazo de una vez por todas, y no puedo más que admirar la paciente y pacífica actitud de cientos de miles de catalanes, así como otros muchos españoles que respetuosamente participan en esta crisis.   

Acusar a una parte de querer romper España, demuestra una falta de soluciones propia, y para un partido gobernante esto es tan irresponsable como una independencia unilateral en base a resultados ilegítimos. La postura tozuda en la legalidad como argumento de represión social y política no va más que fracturar y polarizar aún más la sociedad, dando pie a más odio, un odio que lentamente amenaza con destruirnos como personas y como sociedad.

Javier Moreno Olivares

Londres 03/11/17

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